sábado, 5 de marzo de 2011

Actitudes básicas en la facilitación de ayuda (Dr. Juan Lafarga Corona)



Actitudes básicas en la ayuda de facilitación
(Autor: Dr. Juan Lafarga Corona)


Hipótesis general para facilitar el desarrollo personal:
“Si puedo crear una relación que, de mi parte, se caracterice por: Una autenticidad y transparencia y en la cual pueda yo vivir mis verdaderos sentimientos; una cálida aceptación y valoración de la otra persona como individuo diferente, y una sensible capacidad de ver a mi cliente y su mundo tal como él lo ve: Entonces, la otra persona experimentará y comprenderá aspectos de sí mismo anteriormente reprimidos; logrará cada vez mayor integración personal y será más capaz de funcionar con eficacia; se parecerá cada vez más a la persona que querría ser; se volverá más personal, más original y expresivo; será más emprendedor y se tendrá más confianza; se tornará más comprensivo y podrá aceptar mejor a los demás, y podrá enfrentar los problemas de la vida de una manera más fácil y adecuada.” (C. Rogers, 1ra. Edición 1972, México, 1996)

(Más allá de la psicoterapia Tradicional)
Al igual que en otros países de América Latina y en España, la psicoterapia tradicional en México ha sido el psicoanálisis o los procesos individuales o de grupo, orientados psicoanalíticamente. La influencia de esta corriente psicológico ha sido tan acentuada que a la misma psicología, como disciplina y como ciencia, se la ha identificado con el psicoanálisis.

Aún en la actualidad, en muchos ambientes cultivados, y las ciencias psicológicas con su avanzado desarrollo propio, no son advertidas con claridad. No hace mucho tiempo, un profesor universitario de psicología, propuso para la carrera un curso sobre “Teoría de la motivación”, refiriéndose a la teoría psicodinámica de la corriente psicoanalítica. Con extrañeza y admiración tuvo que admitir que el curso debía titularse “teorías de la motivación”, puesto que existían otras corrientes psicológicas con sus respectivas formulaciones teóricas.

En las universidades de habla española, todavía durante la década de los 50’s casi todos los maestros en las carreras de psicología eran filósofos o médicos. Sólo muy lentamente la psicología, en tanto disciplina científica con una metodología propia, se ha ido abriendo camino en las mismas escuelas de psicología de estos países.

Las aportaciones de las distintas formulaciones psicoanalíticas a la ciencia psicológica son innegables.

Es muy marcada también la repercusión que dichas aportaciones han tenido en el arte, la literatura, el análisis antropológico, histórico y político, así como en otras disciplinas. Así mimo durante mucho tiempo las hipótesis psicoanalíticas fueron las únicas opciones para una práctica psicoterapéutica seria y profesional. Todo esto explica la identificación de psicoanálisis y psicología en la mentalidad de muchos grupos, pero no la justifica.

Ya en la década de 1990, seguir identificando la psicología con las corrientes psicoanalíticas resulta inadmisible en el ámbito universitario. Desafortunadamente, es una realidad cultural en los países de habla española, a pesar de la dedicación y los esfuerzos de un número creciente de jóvenes psicólogos que han conseguido que la psicología, como disciplina científica, haya empezado a crecer y a desarrollarse con mayor independencia de modelos filosóficos y médicos. Poco a poco la psicología está siendo reconocida como la ciencia del comportamiento y de la experiencia humana, más que como la disciplina que estudia la psicopatología.

Gran parte del reconocimiento que la psicología ha recibido en los países de América Latina como una ciencia independiente se debe a los esfuerzos de muchos psicólogos que, poniendo mayor énfasis en la objetividad de los datos, en el diseño experimental estricto y en la formulación operacional de los fenómenos sujetos a estudio, han rescatado a la psicología de los consultorios psiquiátricos y las bibliotecas filosóficas para llevarla a todos los campos de la actividad humana.

Si la psicología como disciplina científica es todavía desconocida y, l oque es más lamentable, muy poco utilizada en nuestros países, ¿qué podría decirse de los enfoques psicoterapéuticos emanados de modelos psicológicos como el enfoque centrado en la persona?

Es pues explicable la desconfianza. Sin embargo, los psicólogos creemos que paulatinamente estos nuevos enfoques irán abriéndose paso y traerán como consecuencia no sólo una revitalización de la psicología, sino el que muchas personas que no poseen ni la capacidad verbal y conceptual ni el dinero para ser clientes adecuados de los psicoanalistas, tengan acceso a los servicios psicoterapéuticos.

El enfoque psicoterapéutico centrado en la persona:
El Objetivo de las investigaciones sobre el proceso psicoterapéutico centrado en la persona fue desde un principio aislar aquellas variables que, al margen de consideraciones puramente teóricas, suscitaran un cambio favorable en las personas que buscaban ayuda psicoterapéutica.

Al aislar estas variables, se observó que operaban independientemente de la orientación teórica e inclusive, de las técnicas utilizadas por el psicoterapeuta. Es decir, todos aquellos psicoterapeutas que en su práctica profesional mostraban los más latos niveles de empatía, aceptación incondicional y autenticidad, fueron capaces de producir los cambios más estables y benéficos en el proceso psicoterapéutico (Carchuff y Berenson, 1967; Truax y Carchuff, 1964 a 1966; Lafarga, 1986)

Las pruebas científicas en apoyo de este núcleo objetivo de reforzadores básicos explica en parte la cantidad de estudios experimentales que confrontan la validez de otras variables en la relación psicoterapéutica como agentes efectivos de cambio favorable (Eysenck, 1952, 1960, 1965; Levitt, 1957, 1963)

La evidencia relativa a la eficacia de este núcleo de facilitadores no se ha obtenido únicamente del estudio de los procesos psicoterapéuticos, sino también de las relaciones entre maestros y estudiantes, padres e hijos, así como de otras relaciones entre personas mutuamente significativas, pero sin carácter profesional (Carchuff y Truax, 1966).

Es importante destacar que estos cambios favorables no sólo se reflejan en las escalas diseñadas para medir cambios psicológicamente favorables, sino tambi{en en escalas de inteligencia y aprovechamiento (Aspy, 1967). A este respecto, Carchuff (1967) afima:

“La implicación directa de estos resultados (…)es que las mismas variables que son efectivas en otro tipo de relaciones humanas lo son también en el proceso psicoterapéutico. Sin embargo, aún cuando las variables primarias son las mismas, sus niveles de aplicación pueden variar con las personas y con el tipo de relación que establecen. Por ejemplo, podría suceder que la comprensión empática de un maestro hacia su estudiante no fuera tan significativa en resultados favorables como la de un padre en relación con su propio hijo(…) Una inferencia plenamente válida que podría derivarse de la eficacia psicoterapéutica de las condiciones enumeradas, sería que dichas condiciones son operativas precisamente porque son las opuestas a aquellas otras que generaron la problemática y el mal funcionamiento psíquico en la persona. Es decir, que la problemática individual pudo haberse generado y evolucionado por la ausencia de comprensión afectuosa, respeto, aceptación, autenticidad y suficiente estimulación por parte de las personas significativas en el ambiente social del niño…”

Así como la gran contribución de las hipótesis de Freud y de las distintas corrientes psicoanalíticas que emanaron de la formulación original ha sido ahondar notablemente la comprensión diagnóstica de los desajustes emocionales, especialmente de las neurosis, estas hipótesis no han tenido un éxito comparable en la generación del cambio en la dirección de la salud y el crecimiento.

Con amplitud y coherencia, las hipótesis diagnósticas emanadas de las distintas corrientes psicoanalíticas han iluminado los orígenes y la gestación de los trastornos emocionales al remontarse, a través de los síntomas, a las condiciones originales en el medio familiar y social; y en este sentido han hecho aportaciones básicas al estudio de la psicopatología. Sin embargo, la misma duración de los procesos psicoanalíticos es sólo un indicio de su bajo nivel de eficiencia para estimular transformaciones favorables.

Para cualquier persona, y especialmente para la que está afligida con trastorno emocionales, es importante comprender los origen de la gestación de su problemática, pero lo fundamental es encontrar formas adecuadas de tratamiento y optimización de sus recursos con la mayor brevedad posible.

Algunos psicólogos del aprendizaje prescinden, en cambio, de cualquier variable subjetiva o intrapsíquica que no tenga manifestaciones concretas en la conducta externa para explicar el cambio terapéutico. Centran su atención en la modificación de la conducta y para ello diseñan técnicamente el cambio, realizando en primer término un estudio de las cotingencias condicionantes en la historia de la persona, para generar el plan o el programa apropiado que conducirá a los objetivos de modificación conductual. Formulan hipótesis, y explican el aprendizaje y el cambio con base en el paradigma clásico de estimulaje y el cambio con base en el paradigma clásico deestímulo-reforzamiento-repuesta.

La aplicación de la metodología experimental a l modificación de la conducta para inducir cambios favorables, se ha demostrado muy efectiva en la remisión de síntomas y otros trastornos de la conducta como problemas de aprendizaje, autismo y adicciones, pero tal vez debido a prescindir sistemáticamente de los fenómenos subjetivos, tan reales para cualquier persona como su misma conducta externa, no han podido generar la sensación de bienestar interno ni garantizar el establecimiento consistente de pautas favorables de crecimiento a través de prolongados períodos, después de la programación y la modificación conductual (Carchuff, 1967)

Más allá del proceso psicoterapéutico que considera el análisis del psicodiagnóstico como la esencia de los fenómenos de cambio favorable; más allá de la técnica e ingeniería del cambio, que ignoran la realidad del fenómeno interno y de los significados de la experiencia subjetiva, es necesario buscar las condiciones necesarias y suficientes para el cambio favorable y prolongado, a través del proceso psicoterapéutico, sugeridas por la evidencia de la investigación a partir de hipótesis emanadas de la práctica (Lafarga, 1986)

Sintetiza y depura las corrientes tradicionales:
Como modelo psicoterapéutico, el enfoque centrado en la persona ha tenido el propósito empírico de identificar aquellos factores que facilitan el cambio favorable y duradero tanto en la persona que busca ayuda como en el terapeuta. Los explicitadotes de este enfoque, sin negar las valiosas aportaciones de otras corrientes psicoterapéuticas, han prescindido de marcos de referencia puramente teóricos, así como de lealtad reduccionistas al mitificado “método científico”. Y no por desdén, sino para no ser obstaculizados por consideraciones de ortodoxia, teóricas o metodológicas, en la identificación y formulación operacional de aquellas variables que, según la evidencia de largos años de investigación (Lafarga 1986), facilitan –de hecho- el cambio favorable y persistente.

Entre los profesionales de la ayuda psicológica es cada vez más aceptado que la eficacia psicoterapéutica no depende de la orientación ideológica o de la técnica de psicoterapia y que la distinción entre terapeutas efectivos, medianamente efectivos y poco efectivos no puede establecerse tomando como criterios la orientación teórica y la técnica específica (Lafarga, 1986). Al parecer, los psicoterapeutas creativos y más eficientes recurren a aquellos elementos teóricos, metodológicos y prácticos que contribuyan al crecimiento o cambio favorable y duradero de la persona con quien están comprometidos en una relación de ayuda.

También es fácilmente observable que las mismas “corrientes” psicoterapéuticas se van enriqueciendo unas con otras, independientemente de prejuicios teóricos o metodológicos. Ya Alfred Adler, a raíz de sus primeras desidencias con la corriente psicoanalítica ortodoxa, sugería que el proceso psicoterapéutico efectivo era en realidad uno solo, con distintas variaciones (Ansbacher, 1956).

La empatía:
La actitud empática en el psicoterapeuta, que se manifiesta en un intento de éste por comprender a fondo la experiencia de la persona en búsqueda y por trasmitir verbalmente esta comprensión esclarecedora, es compartida por todas las corrientes psicoterapéuticas contemporáneas. Las diferentes formas de psicoanálisis tienen como objetivo en el psicoanalizado una comprensión exhaustiva de sí mismo. Los modificadores de la conducta, para poder diseñar un programa adecuado a la persona que recibe ayuda, necesitan la empatía para explorar los factores condicionantes con la mayor precisión posible. En general podría decirse que la actitud empática, en este sentido general, es actualmente reconocida por todas las corrientes como un elemento indispensable del proceso psicoterapéutico.

La aportación del enfoque centrado en la persona consistió en la identificación y análisis de esta actitud y en el énfasis que puso en ella como factor terapéutico de primer orden en el proceso. Con este enfoque, la actitud empática puede ser descrita como un captar la experiencia de la otra persona en la interacción psicoterapéutica del presente con todos los matices de sentimiento, superficial o profundo; y con todos los significados simples o complejos que esta experiencia tiene para dicha persona. Es una captación no evaluatoria de la experiencia de esa persona tal como ella la vive y la describe, comunicada con nitidez y con afecto. Tiene como objetivo inmediato comunicar la comprensión de la experiencia con claridad en la formulación por una parte; y con interés y afecto, por la otra.

Todos los sistemas psicoterapéuticos, pero principalmente los derivados de corrientes psicoanalíticas, tienen como objetivo práctico revertir el proceso represivo, producto de la confrontación de las necesidades del individuo con exigencias sociales de muy distinta índole. La interacción empática genuina, como sabemos gracias a la investigación (Lafarga, 1986), facilita con mayor rapidez el proceso “despresivo” o sea la exploración consciente de la experiencia en amplitud y profundidad, que las interpretaciones psicodinámicas o las preguntas encaminadas a formular un plan de cambio.

La actitud empática en el enfoque centrado en la persona supone que toda persona es capaz, en condiciones favorables, de explorar su propia experiencia y, debido a su impulso natural al crecimiento, efectuar los cambios que considera más apropiados para sí. Tiene como objetivo inmediato facilitar y estimular esta exploración, y estos cambios. El entrenamiento clínico del psicoterapeuta centrado en la persona está enfocado a captar, con la mayor precisión posible, los matices del sentimiento y del significado en la experiencia de la persona que recibe ayuda. No necesita ésta hacer una regresión para ir integrando a su experiencia consciente elementos que habían quedado fuera de ella; a medida que la exploración de la propia experiencia va siendo más fácil, más amplia y más profunda, los elementos inhibidos o desintegrados van siendo asimilados otra vez.

En las corrientes psicoanalíticas, el modelo psicoterapéutico es un modelo médico. El analista en realidad no se comunica con la persona sino que interactúa con ella analizando el discurso. El analista, como el médico, diagnostica a su “paciente”, decide cuáles son los elementos importantes en la génesis de la “enfermedad” fija los objetivos del “tratamiento” y prescribe los procedimientos para la “curación”.

En muchos casos ente tipo de intervención, en la experiencia del “paciente”, no es más que un revivir, con otro lenguaje y en otras circunstancias, la misma experiencia patogénica de ser inapropiado en la conducta, en la manifestación de los sentimientos y en la forma de comunicarlos. Es un revivir la importancia y la dependencia, no por introyecciones sociales o morales, sino por la realidad del presente, aquí y ahora, frente a los criterios y a la autoridad del médico psicoanalista.

Ya Adler había apuntado que la relación psicoterapéutica es más eficiente cuando el analista asume una actitud amistosa “como entre iguales” (Ansbacher, 1956); y Sullivan, Horney y Fromm habían propuesto métodos tendientes a mejorar la interacción con el “paciente” para facilitar el análisis. Sin embargo, no consideraron que estas modalidades de interacción tuvieran por ellas mismas una eficacia psicoterapéutica mayor que el aprendizaje y la asimilación progresiva del psicodiagnóstico por parte del “paciente”.

En la psicología conductual, el modelo médico de los enfoques psicoanalíticos ha sido sustituido por el modelo técnico ingenieril. El técnico pregunta, indaga, formula y reformula las condiciones que produjeron el trastorno; la persona cuya conducta debe ser modificada es un mero colaborador de aquél. Puesto que los intentos de iniciativa que muestran los pacientes que no cuadran con los marcos de referencia del médico psicoanalista son calificados de “resistencias” al tratamiento, que no son compatibles con los repertorios “científicos” del modificador, son descartadas como poco objetivas, mentalistas e irrelevantes para conseguir los objetivos del cambio.

En el planteamiento de la relación psicoterapéutica, tanto los modelos psicoanalíticos como los conductuales, y lo mismo se podría decir de los Gestaltistas y de otros, el psicoterapeuta en un aspecto muy importante, sabotea sus propios objetivos cuando actúa como director planificador y maestro en el proceso, puesto que refuerza precisamente de forma abierta o sutil, la dependencia y la pasividad de la persona que recibe ayuda. El simple aprendizaje y el restablecimiento de pautas constructivas de reaccionar hacia sí mismo y hacia los demás no bastan para garantizar cambios favorables y persistentes, si la persona que recibe ayuda no se siente capaz y responsable por sí misma de tomar la iniciativa y asumir las decisiones al integrar su experiencia, al encontrar los propios significados y al orientar y planificar la propia conducta, en congruencia con los propios recursos y las circunstancias del medio que la rodea.

En el mejor de los casos, fueron individuos autoritarios que “sabían más” o que “podían más” quienes generaron las desintegración de la experiencia y de la conducta en las personas que buscan ayuda. Únicamente personas expertas, capaces de facilitar y estimular el aprendizaje compartiendo iniciativas y responsabilidades, y que se consideren ellas mismas en continuo aprendizaje y no “maestras”, podrán facilitar el proceso de reintegración.

La actitud positiva incondicional:
En mayor o menor grado, los diversos sistemas psicoterapéuticos conceden gran importancia a la expresión libre y espontánea de la persona que recibe ayuda, pero divergen en la metodología para estimular dicha expresión. La permisividad de psicoterapeuta para facilitar la manifestación de la experiencia implica de su parte no emitir juicios de valor, explícitos o implícitos, sobre la persona o sobre su conducta. Esta permisividad ha sido una de las características del proceso psicoterapéutico en las distintas corrientes analíticas En los procesos de modificación de la conducta, la permisividad queda circunscrita por los límites que impone, con toda claridad y según su criterio, el ingeniero o modificador, quien desde el principio refuerza los repertorios de conductas apropiadas y procura inhibir las que no lo son, de acuerdo con los objetivitos establecidos. A la persona se le permiten exclusivamente conductas que contribuyan a la formulación y aplicación del programa, (Frank, 1961).

En el enfoque centrado en la persona, la actitud positiva incondicional puede ser descrita no sólo como permisividad, sino más aún como una actitud de manifiesto interés y aprecio por todo o que la persona es, por todas sus conductas y por su comunicación. No es aprobación, ya que esta puede ser tan rechazante como la desaprobación, sino un interés genuino y manifiesto por todo lo que constituye la realidad interior y la exterior de la persona. Las mismas conductas y actitudes “destructivas” o “enfermas” son tan merecedoras de comprensión y aprecio como cualquier otra experiencia, ya que estas reacciones seudoadaptativas, defensivas o claramente autodestructivas o antisociales son producto de condiciones adversas que bloquean de algún modo el impulso básico hacia el crecimiento y desarrollo inherente a todos los organismos vivos.

Las contraposiciones estructurales que Freud introdujo entre las fuerzas impulsivas del organismo, por una parte y las depresiones del ambiente por la otra, así como las fuerzas adaptativas del mismo organismo, son constructos conceptuales que ayudan a comprender el aparato psíquico, pero oscurecen la realidad comprobable del impulso básico hacia el crecimiento, hacia la satisfacción y hacia el goce de la vida en todos los niveles de la conciencia. Impulso objetivo y evidente en los organismos vivos y sus distintas especies, consciente en el hombre y que subyace a todas las estructuras y procesos en la evolución de la vida (Tetllhard de Chardin, 1959).

Cuando el impulso es obstaculizado por circunstancias adversas internas o ambientales, puede hacerse destructivo si no encuentra cauces para promover la adaptación y el crecimiento. Desde este enfoque, la patología es entendida como un producto del mismo impulso hacia el crecimiento, cuando este impulso no encuentra los canales adecuados para propiciar la adaptación y el crecimiento. Como el vapor de una caldera cuya función es mover una turbina, puede quemar o destruir la caldera si no encuentra los canales adecuados de salida.

Freud explicó, en función de las fuerzas instintitvas básicas del organismo, las estructuras adaptativas del “yo”. Hartman, en cambio, atribuyó un origen autónomo a tales estructuras. El hecho es que ni las fuerzas instintivas ni las estructuras adaptativas ni las presiones ambientales pueden ser bien comprendidas si se les considera de forma separada y no como integrantes de un solo impulso hacia el crecimiento y evolución en los organismos y en sus especies, cuya manifestación más importante fue la aparición y el desarrollo de la vida consciente (Theilhard de Chardin, 1951).

La aceptación incondicional de este impulso hacia el crecimiento en toda conducta de la persona que busca ayuda psicoterapéutica, facilita que la experiencia subjetiva de ésta resulte comprensible y manejable. Cuando la persona descubre que todo en ella, aún su llamada patología es producto de dicho impulso y se la recibe con una actitud positiva incondicional; en tanto que su experiencia, su comunicación y su conducta no sólo merecen sino que reciben genuino aprecio por parte del psicoterapeuta, los recursos de esta persona, en el presente, se van movilizando para hacerla crecer en autoestima, ampliar el ámbito de su conciencia, establecer pautas más constructivas de funcionamiento y lo que es más importante, para sentir hacia sí misma y hacia los demás la actitud positiva incondicional que está experimentando en la relación terapéutica. Introyecta o internalizar esta actitud positiva y aprende a quererse a sí misma, no como “debería ser”, sino como realmente es.

En la persona que recibe ayuda, el reforzamiento de esta actitud de aceptación, aprecio y afecto hacia sí misma por lo que realmente es, constituye el núcleo de la psicoterapia. Tener como objetivo el establecimiento de repertorios de conducta “apropiados” y descuidar el reforzamiento de esta actitud de estima de la persona hacia sí misma, equivale a curar las hojas de un árbol descuidando el tronco, cuya médula es causa de la enfermedad del follaje.

Los sistemas de ayuda, de orientación o de psicoterapia que privan a la persona de experimentar aprecio por sí misma, por su “patología” como una reacción seudoadaptativa, por sus descubrimientos e inclusive por sus propias equivocaciones, aunque proporcionen insights sobre las causales de los síntomas, o propongan y refuercen pautas de conducta o modelos de acción más adecuados y satisfactorios, sabotean sus esfuerzos al retacearle la satisfacción de la necesidad de autoestima, tan importante para subsistir psicológicamente sana, como el aire que respira para mantener la vida.

Resulta difícil, en verdad, mantener una genuina actitud positiva incondicional hacia el comportamiento global de otra persona, cuando no se acepta que ésta tiene la capacidad para orientar su propia existencia; y se cree que son únicamente circunstancias fisiológicas o del ambiente las determinantes de la conducta. Si se asume que la persona que está obviamente condicionada por el medio no es responsable de alguna forma de sus propias acciones, entonces lo único importante si es manipular las circunstancias, sean biológicas o ambientales, para producir los cambios apropiados. Sin embargo, la conciencia de libertad, en toda persona, a pesar de los condicionamientos determinantes conscientes o inconscientes, es algo ineludible.

Los sistemas psicoterapéuticos que no aceptan la existencia de la opción libre en el organismo humano, por lo menos se verán forzados a aceptarla como si fuera un hecho real, del cual no se podrá prescindir en la práctica (Skinner, 1970), para que el proceso psicoterapéutico pueda tener resultados favorables y persistentes.

Tanto la permisividad como la actitud positiva incondicional parecen tener sus límites en todas las corrientes psicoterapéuticas. Así, la palabra incondicional puede ser la más adecuada para calificar esta actitud desde el enfoque centrado en la persona. Más adelante analizaré (nos dice el autor), sin embargo la conveniencia de mantener este calificativo.

En la práctica psicoterapéutica emanada de las orientaciones analíticas, la permisividad tiene límites muy claros. Se permite y se estimula la expresión catártica de sentimientos y emociones y cualquier forma de expresión o manifestación verbal de la experiencia. Sin embargo, no se tolera la actuación de los sentimientos como tampoco otras conductas que, en la sala de consulta, parezcan inapropiadas al analista conforme a criterios teóricos, profesionales o éticos. Los modificadores de la conducta, desde la misma formulación del contrato profesional de ayuda, marcan los límites apropiados a la conducta de la persona en la sala de trabajo.

Estos límites varían considerablemente según los criterios de las muy distintas corrientes conductuales (Eysenck, 1960; Wolpe, 158; Bandura, 1961; Uliman y Krasner, 1965).

En el sistema centrado en la persona, la actitud positiva incondicional del psicoterapeuta no tiene más límites que aquellos que la misma actitud positiva incondicional hacia sí mismo impone a la otra persona. Los límites no derivan de modelos teóricos o de la conveniencia de imponer a otro, normas éticas o profesionales que el psicoterapeuta considera convenientes para sí mismo y para los demás, sino de un llano claro y personal reconocimiento del propio derecho a actuar en congruencia con las propias convicciones.

Los límites no se fijan conforme a verdades o principios preestablecidos, sino conforme a convicciones personales de las cuales el psicoterapeuta asume la responsabilidad completa. En este sentido, la relación psicoterapéutica adquiere las características de la más sana convivencia entre los hombres. Los límites de la libertad individual están marcados por el derecho que tienen los demás miembros del grupo a su propia libertad. En caso de conflicto entre las libertades individuales, el criterio del bien común o mayor bien alcanzable para todos los miembros de grupos, base de toda sociedad, prevalece sobre la conveniencia individual. En otras palabras, la persona que busca ayuda experimenta de inmediato la vivencia de ser aceptada incondicionalmente en todas las dimensiones de su propia experiencia, pero también experimenta que su conducta tiene límites al convivir armoniosamente con otros ser libre.

La Autenticidad:
En la práctica psicoterapéutica generalmente se acepta que la mayor autenticidad o correspondencia entre lo que una persona percibe y lo que dice de sí misma es índice de buen funcionamiento psíquico. En realidad, el que llegue a existir un alto grado de esta correspondencia en la comunicación de las personas es uno de los objetivos importantes del proceso psicoterapéutico que está enfocado a que la persona que recibe ayuda, en la misma relación con el psicoterapeuta, se vaya liberando del conflicto y de la inconsistencia entre lo que experimenta y l oque expresa de sí misma.

¿Cómo se genera o se impulsa esta autenticidad o esta congruencia?. Las distintas corrientes y orientaciones psicoterapéuticas parecen diferir notablemente en la respuesta, no sólo por sus afiliaciones teóricas o metodológicas, sino por su técnica y práctica profesionales que, además, difieren considerablemente de un psicoterapeuta a otros.

La participación del analista en el proceso es muy variada según las diversas corrientes emanadas de la teoría psicodinámica. Sin embargo puede decirse que para que un psicoanálisis sea considerado como tal es necesario que el analista no interactúe, sino que analice la comunicación de la persona que está recibiendo la ayuda psicoterapéutica. Más aún, la involucración interactual del analista con su paciente durante el proceso des considerada del analista con su paciente durante el proceso es considerada como manifestación de reacciones “contra-transferenciales” que interfieren con dicho proceso si no son también interacciones personales con su “paciente” para que este último pueda proyectar en él la conflictiva de sus relaciones interpersonales y su experiencia interna.

No involucrarse personalmente, si esto es posible, facilita estas proyecciones y garantiza la objetividad del análisis. El control emocional del analista debe además propiciar en él una expresión objetiva e intelectual de sus puntos de vista, de tal suerte que el permitirse reacciones emocionales o comunicaciones de tipo personal es considerado como signo de que su propio análisis no ha sido terminado.

En los distintos tipos de modificación o ingeniería de la conducta se toma en general la actitud del técnico frente al problema concreto. La tarea de éste consiste en identificar con claridad los distintos sistemas de reforzamiento que han generado y mantenido los deterioros en la conducta. Una vez identificados, se diseñan los nuevos sistemas reforzadores de conductas nuevas que reviertan el proceso deteriorante y establezcan y consoliden repertorios conductuales apropiados y consistentes. El técnico modificador tampoco interactúa de forma personal con la persona que solicita sus servicios profesionales, como no lo harían el arquitecto o el asesor en administración con su clientela.

El analista antes de llegar a serlo, se somete él mismo a un análisis riguroso. El modificador de la conducta, que yo sepa, no se somete a sí mismo a un proceso de modificación de sus propias pautas conductuales para llegar a ser un modificador. La preparación de este último es en parte académica y universitaria para familiarizarse con las diversas teorías del aprendizaje; y en la parte práctica, en los laboratorios, a fin de dominar la metodología experimental. Obtiene la práctica como modificador profesional de la conducta, en consultorios o clínicas en que la metodología del trabajo es muy semejante a la del laboratorio.

Desde hace tiempo hemos sentido la curiosidad de saber cómo manejan los ingenieros de la conducta sus propios procesos internos, los cuales teóricamente son considerados como inexistentes; qué valor adjudican a sus propias convicciones y a las decisiones que constantemente toman; con qué criterios evalúan sus propios repertorios conductuales. Estimo personalmente a los modificadores de la conducta que conozco, como profesionales serios y dedicados, pero estas preguntas que me intrigan han obtenido sólo respuestas evasivas y poco claras.

La investigación reciente (Rogers) ha demostrado que la relación psicoterapéutica es, ante todo, una relación de comunicación entre dos personas. Y como el objeto de esta relación, desde el punto de vista de la persona que recibe ayuda, no es llegar a serun técnico ni un analista sino llegar a funcionar mejor como persona humana, únicamente aquellos aspectos de la conducta del psicoterapeuta que lo manifiestan como persona tendrán influencia directa y predominante en la otra persona.

El psicoterapeuta que es capaz de escuchar con atención no dividida, de mostrar genuino aprecio portados y por cada uno de los elementos de la comunicación que recibe, de clarificar y ordenar esta comunicación sin distorsionarla; al mismo tiempo que facilita una amplia y profunda expresión de la experiencia de su cliente, favorece que dichas actitudes sean poco a poco introyectadas y se conviertan así en el elemento básico del proceso de reconstrucción.

La condición indispensable para que el psicoterapeuta pueda ser un agente facilitador del cambio favorable y permanente es que él mismo esté genuinamente en búsqueda de su propio crecimiento. Que conozca las áreas de su propia problemática personal y el efecto que éstas producen en sus relaciones de ayuda, y que esté trabajando por encontrar sus propias soluciones constructivas. Que esté procurando crecer en honestidad y autoestima, que vaya asumiendo creciente responsabilidad por las decisiones de su vida y esté intelectual y visceralmente persuadido de que lo que es bueno para él mismo no necesariamente lo es para los demás.

La técnica en manos de un profesional, auténtico y genuino en la relación interpersonal psicoterapéutica, es un instrumento de valor incalculable para facilitar el desarrollo del proceso. En cambio, esa misma técnica en manos de un psicoterapeuta no acostumbrado a manifestarse como persona real, en la relación de ayuda obtiene resultados muy parciales y a muy largo plazo.

La autenticidad no sólo no opaca la seriedad y el profesionalismo de la relación, sino que coloca a estos atributos en sus perspectivas más reales. Todo proceso psicoterapéutico tiene como objetivo elevar el nivel de autenticidad en las personas que se benefician de él. Tanto la práctica como la investigación sugieren que el mejor reforzador de la comunicación auténtica es la conducta del propio terapeuta (Clark huff, 1974). La autenticidad en la relación interpersonal quita al terapeuta tonos dogmáticos y autoritarios al manifestar sus puntos de vista, lo hace más humilde y modesto al emitir sus hipótesis o hacer interpretaciones. Consciente de que en la comunicación siempre hay elementos que desconoce, tendrá que manifestar sus percepciones de forma tentativa, abierto a entender más. Tendrá que bajarse del sillón del maestro a la arena de la vida y aceptarse como un compañero de búsqueda.

El Reflejo en sus cinco modalidades (como técnica):
Una de las actividades de los terapeutas rogerianos es el reconocimiento y aclaración de los sentimientos asociados con las afirmaciones del cliente, la respuesta característica de este enfoque se indica con el nombre de “reflejo”, (espejear al otro). Reflejar consiste en resume, interpreta o acentuar la comunicación, manifiesta o implícita por el cliente, la infinidad de este tipo de respuesta es satisfacer las condiciones necesarias y suficientes de la terapia y además de que facilita a la toma de conciencia autónoma de la experiencia vivida por el cliente ya que los problemas psicológicos que enfrenta el cliente se debe en gran medida a una simbolización o representación defectuoso de lo que realmente siente.

El Reflejo.
Instrumento que operacionaliza la comprensión empática. Cuando el terapeuta trata de revelar las percepciones del cliente para que estas se vuelvan claramente concientes y se de cuenta cómo éstas guían su conducta y favorecen su autoescucha, estamos hablando de la técnica del reflejo. El reflejo (Vela, 1979 en Mariscal, 2001), se define como un intento por parte del terapeuta por expresar en palabras nuevas, las actitudes esenciales expresadas por el cliente.

No es necesario reflejar tanto el contenido, es decir las racionalizaciones, representaciones ideológicas y datos en general, que sí pueden ser de mucha utilidad en el análisis posterior que hacemos del proceso terapéutico. Básicamente se trabaja con los sentimientos pero estos son como las olas del mar, que esconden riquezas más profundas; Sentimientos subyacentes no claramente expresados, actitudes que se toman frente a los problemas, percepciones y enfoques sobre nuestras relaciones con el mundo y con los demás, la comprensión de sí mismo (Mariscal, 2004)

Valores del reflejo (Mariscal, 2004):
1.- Al principio de la entrevista produce una sensación profunda de ser comprendido, de una manera antes nunca experimentada.

2.- La función del terapeuta es la de devolver al cliente su auténtico Yo reflejándolo como en un espejo y hacerle capaz, ayudado por esta nueva percepción, de rehacerse. El reflejo objetiva la imagen de la persona , de sus relaciones y de su conducta. La reflexión personal sobre todo esto no supera los límites de nuestra interioridad, el reflejo al provenir de otra persona pero al no dar sino los datos que nosotros mismos hemos expresado objetiva la imagen y posibilita una comprensión más realista de nosotros y de nuestra conducta.

3.- Es muy importante convertirse en la conciencia reflexiva del otro, ayudando a volverse sobre sí mismo para llegar a los más íntimos sentimientos, aclararlos y resolverlos. El reflejo coloca en la persona la responsabilidad de asumir su mundo de valores, basados en su propia experiencia.

4.- El reflejo es el mecanismo más apropiado para establecer la relación pues evita el campo valorativo y se ubica en el tipo de respuestas llamadas comprensivas.

Tipo de reflejos (Mariscal, 2004)
1.- Reflejos simples: Se refieren a una devolución verbal del eje de lo dicho por el cliente, como síntesis aclaratoria para favorecer el discurso y la autoconexión.

2.- Reflejos elucidatorios, poseen el sentido de esclarecer y resumir cognitivamente lo dicho. Dar luz, aclarar lo que el cliente no ve pero ha expresado.

El terapeuta deduce lo que le pasa al cliente, se diferencía de la interpretación en que es una deducción que se basa en conocimientos que la persona nos entrega y no se basa en conocimientos que posee el terapeuta (Vela (1979, en Mariscal, 2004) lo llama Reflejo Aclaratorio y distingue los siguientes tipos:

♣ Ambivalente, cuando el cliente tiene dos situaciones emocionales encontradas
♣ Inmediato, contingente a lo expresado por el cliente.
♣ Sumario, resumen pequeño de lo dicho por el cliente.
♣ Bifurcativo, mostrarle al cliente dos posibilidades, dos caminos.
♣ Andadura, aclarar algo implícito, ir un poco más allá de lo que el cliente ha expresado.
♣ Gestalt, plantear lo opuesto a la expresión del cliente.
♣ Terminal, al final de la sesión devolver todo lo dicho por el cliente en resumen.

3.- Reflejos de sentimiento, apuntan a resumir la captación por parte del terapeuta de las emociones implícitas en el intercambio dado en consulta, con el objetivo de favorecer una toma de conciencia de lo emocional en juego.

4.- Reflejos icónicos, permiten la simbolización de una experiencia difícil de verbalizar, a través de íconos como ser metáforas, imágenes, objetos presentes.

5.- Reflejos evocativos, buscan hacer presente una experiencia pasada con el fin de simbolizarla en el aquí y ahora.

¿Por qué un individuo que busca ayudase modifica en sentido positivo al participar en una relación terapéutica que contiene estos elementos?. A medida que descubre que alguien puede escucharlo y atenderlo cuando expresa sus sentimientos, poco a poco se torna capaz de escucharse a sí mismo. A medida que se abre a lo que sucede en él, adquiere la capacidad de percibir sentimientos que siempre había negado y rechazado –autoconcepto-. Al aprender a escucharse también comienza a aceptarse. Al expresar sus aspectos antes ocultos, descubre que el terapeuta manifiesta un respeto positivo e incondicional hacia él. Lentamente comienza asumir la misma actitud hacia él mismo, aceptándose tal como es y, por consiguiente, emprende el proceso de llegar a ser. Por último, a medida que captaron más precisión sus propios contenidos, se evalúa menos, va logrando mayor coherencia, puede moverse más allá de las fachadas que hasta entonces lo ocultaban, abandonar sus conductas defensiva y mostrarse como es –Autoaceptación- Rogers, 1961)

Tendencia actualizante:
El individuo en un clima psicológico que permita a las personas a ser, es libre de elegir cualquier dirección, pero en la realidad escoge formas positivas y constructiva. Por eso cuando se proporciona este clima propicio, se está tropezando con una tendencia –en algunos casos latente- que impregna toda la vida orgánica, una tendencia a llegar a ser toda la complejidad de la que el organismo es capaz (Rogers 1978). Todo el enfoque centrado en la persona descansa en esta confianza básica en el organismo, la “tendencia actualizante”. Bien que el estímulo provenga de dentro o de fuera, bien que el ambiente sea favorable o desfavorable, los comportamientos de un organismo pueden considerarse en la dirección del mantenimiento, el desarrollo y la reproducción de sí mismo. La tendencia actualizante puede ser torcida o quebrada, pero no puede ser destruida sin destruir el organismo. Es este tipo de formulación una base filosófica para el enfoque centrado en la persona (Rogers, 1978).

Captación Intuitiva (Tomar consciencia):
¿Cómo se crea y mantiene una perturbación?. El terapeuta está siempre muy alerta a la comprensión del autoconcepto del cliente y descubre que su evolución ha sido afectada por juicios adversos de otros (personas criterio), este autoconcepto lejos de representar al yo organísmico refleja en vez los prejuicios de las otras personas, “deberías, tendrías”. El cliente ha aprendido desde niño a dudar de la validez y aceptabilidad de sus propios pensamientos y sentimientos por miedo a ser rechazado, necesita aprobación y afirmación, pero la única forma que tiene es negar las señales que emanan de su organismo (Mearns & Thorne, 1988).

Con el transcurso de los años quedan muchas cápsulas no resueltas que se llaman todos congelados; se forman como una especie de capas con la terapia se debe llegar al problema original pasando por todas estas capas. Así como por el lenguaje se deterioro el sí mismo, por el lenguaje debe salir y corregirse (Poggio, 1998). Entonces, una persona se perturba cuando su yo organismito y su autoconcepto están en conflicto, el cual se manifiesta mientras el individuo busca preservar y consolidar este autoconcepto para fortalecer su propia sensación de seguridad, evitando así la crítica y el rechazo.

Al principio de la terapia la persona vendrá con varios problemas, aquí están todos los congelados que tienen que salir a través del lenguaje. En el transcurso de la relación terapéutica, se debe llegar al sí mismo destruyendo los todos congelados, logrando que la persona saque de sí los valores introyectados que no son suyos sino de las personas criterio (Poggio, 1998).

La captación intuitiva supone la comprensión repentina de una situación, pero de una manera intuitiva, es decir, sin necesidad de seguir los pasos de un proceso de razonamiento, la cual no se alcanza hasta haber logrado el reconocimiento y la aceptación de todo lo que uno es. Por lo tanto, consiste en una serie de aprendizajes, tales como el conseguir una comprensión nueva del sentido que tienen los síntomas de comportamiento y comprender los propios modelos de conducta más frecuentes. La experiencia de catarsis durante el proceso terapéutico puede levar a la captación intuitiva, una vez que los sentimientos son aceptados se está capacitado para describir las experiencias que los provocaron (todos congelados). Ya no existe la necesidad denegar aquellos sentimientos que no son aceptables socialmente o que no están en conformidad con el Yo ideal. Por consiguiente, el cliente está preparado para integrar sus experiencias acumuladas, llega a ser una persona menos dividida, con un comportamiento más consistente, en el que cada sentimiento y acción tiene una unidad con los demás (Rogers, 1978). Al finalizar el proceso terapéutico, el cliente habrá cambiado, es decir, se habrán desecho sus todos congelados (Poggio, 1998).

Características de la Terapia Centrada en la Persona:
El foco de atención se centra en la persona, no en el problema. Su finalidad no consiste en resolver un problema concreto, sino en ayudar al individuo a crecer, para que pueda enfrentarse con el problema actual y con los que surjan posteriormente de una manera más coherente. En otras palabras, lograr una estabilidad personal como para enfrentarse con un problema con mayor independencia y responsabilidad y de una manera más organizada (Rogers, 1978)

Concede una importancia mayor a los elementos emocionales, al sentimiento, más que a los intelectuales, en una situación concreta. La mayoría de las inadaptaciones no son debidas a razones intelectuales, sino que el conocimiento es ineficaz porque queda bloqueado por las satisfacciones emocionales que la persona encuentra en su inadaptación del momento. Todas nuestras expresiones verbales van siempre acompañadas de una carga emocional. Debido a ello, cuando el orientador responde a nivel intelectual a las ideas expresadas por el cliente, bloquea la manifestación y actitudes con carga emocional y tiende a definir y a resolver los problemas desde él, inútilmente, ya que con frecuencia no son la verdadera respuesta para el cliente.

Por otro lado, cuando el terapeuta se mantiene alerta constantemente, y responde al nivel afectivo, le da al cliente la sensación de ser profundamente comprendido, lo capacita para expresar nuevos sentimientos y lo conduce eficazmente a las raíces emocionales de su problema de adaptación, (Rogers, 1978).

Otorga una importancia mayor a la situación inmediata que al pasado de un sujeto, los modelos de comportamiento emocional de una persona, se manifiestan igualmente en su adaptación presente e incluso durante el tiempo de la entrevista. Es curioso que cuando no existe una exploración de los hechos históricos, surge una imagen más adecuada del desarrollo dinámico de la persona, a través de los contactos terapéuticos (Rogers, 1978).

La relación terapéutica es en sí mismo una experiencia de crecimiento; aquí la persona aprende a comprenderse así misma, a tomar decisiones importantes independientemente a relacionarse satisfactoriamente con los demás de una manera más adulta. Este tipo de terapia no es una preparación para el cambio, es ya cambio (Rogers, 1978).

La terapia no se basa en una relación médico-paciente, caracterizada por el diagnóstico experto y el consejo lleno de autoridad por parte del médico, con la aceptación sumisa y dependiente del paciente (psicoterapia directiva). Al contrario, el terapeuta no puede mantener una relación de ayuda psicológica, al mismo tiempo que tiene algún tipo de autoridad sobre el cliente. Nótese el empleo de “cliente” y nunca el de “paciente”, ya que el individuo que acude para recibir ayuda no es un enfermo sino una persona que por diversos motivos se encuentra en un momento difícil de su proceso madurativo y le falta una percepción clara de quién es y de su situación vital (Rogers, 1978).

La ayuda psicológica no directiva está basada en el convencimiento de que el cliente tiene derecho a elegir sus propias metas en la vida. Si éste consigue a través de la experiencia de una relación de ayuda, un grado suficiente de captación intuitiva como para comprender el estado de su situación real, él mismo puede elegir el método que considere más adecuado para adaptarse a ella y ser capaz de enfrentarse con los problemas futuros (Rogers, 1978).

La psicoterapia no-directiva se caracteriza por el predominio de las actividades del cliente, ya que éste interviene exponiendo sus problemas durante la mayor parte del tiempo. Las técnicas más importantes empleadas son aquellas que ayudan al cliente a aceptar y comprender sus sentimientos, actitudes y modelos de respuesta y que lo animan a hablar sobre ellos. El terapeuta puede conseguir esto expresando con otras palabras y clarificando el contenido de lo expuesto por el cliente (reflejos). Con frecuencia pedirle que exprese sus sentimientos sobre ciertos temas, con menos frecuencia hacer preguntas concretas para obtener información, y a veces proporcionar información o explicaciones sobre la situación del terapeuta (Rogers 1978).

El terapeuta:
Si la terapia fuera inmejorable, intensiva y totalizadora, ello significaría que el terapeuta ha sido capaz de iniciar una relación subjetiva e intensamente personal con su cliente y que se ha relacionado con él como una persona con otra persona. En el ámbito clínico se desarrollan diagnósticos elaborados en los que se considera a la persona un objeto. Para el enfoque centrado en la persona no es útil ni satisfactorio interferir en la experiencia del cliente con explicaciones diagnósticas, interpretaciones, sugeridas o consejos. Si se considera a la persona como alguien estático, ya diagnosticado y clasificado, ya modelado por su pasado, se contribuye a confirmar esta hipótesis limitada. Si en cambio, se lo acepta como un proceso de transformación se lo ayuda a confirmar y realizar sus potencialidades (Rogers, 1961).

El terapeuta centrado en la persona, no se considera experto y va hacer todo lo que pueda para evitar caer en ese error, porque de lo contrario sería negar un supuesto de este enfoque, es decir, que se puede confiar en que el cliente sabrá encontrar su propio camino si tiene en el terapeuta el compañero adecuado que lo hace sentir seguro y aceptado. Para el orientador es importante buscar compartir el poder, esto tiene que ver con todos los aspectos de la relación y el ambiente donde se desarrolla la misma. El terapeuta se muestra genuino, no pone fachada profesional ni personal, así desalienta al cliente a que lo vea superior. Por ende, la persona tiene más posibilidad de encontrar sus propios recursos en sí misma y no se agarra a las expectativas de que el terapeuta proveerá las respuestas para él (Mearns & Thorne, 1988).

Habilidades del terapeuta.
Entre las cualidades facilitadotas para los terapeutas efectivos que propone Rothstein (1988), están en primer término la empatía, la consideración positiva incondicional y la congruencia, a las cuales me referí anteriormente; entre las otras habilidades figuran:

♣ Concreción.- Insistir en lo preciso, lo personal. Ayudar a entrar en áreas sensibles y a entregarse profundamente a la naturaleza de los sentimientos, lo cual evoca fuentes catarsis y lleva a revelaciones profundas.

♣ Confrontatividad.- Significa desafiar a los clientes con sus discrepancias (lo verbal/lo no verbal, las distorsiones, las conductas evitativas, las evasiones) haciéndolo con franqueza pero con calidez, para facilitar el autoanálisis.

♣ Potencia.- Significa la fuerza de estar presente, la vibración que emana de un terapeuta comprometido, autoconfiado, autoasegurado. Los clientes se sienten seguros en su presencia y se permiten expresar emociones dolorosas.

♣ Inmediatez.- El aquí y el ahora de las comunicaciones entre terapeuta y cliente, específicamente en referencia a los aspectos de sus interacciones y relaciones.

♣ Autodevelación.- En momentos cruciales, los terapeutas comparten algo de sí mismos en beneficio de sus clientes, comunican indirectamente que ambos tienen experiencias, pensamientos y sentimientos similares, y que por lo tanto pueden ser reales y abiertos mutuamente, lo cual facilita la autoexploración.

♣ Calidez .- Aceptación positiva incondicional + inmediatez. Transmitir consideración por los clientes a través del lenguaje verbal como del no verbal.

♣ Autoactualización.- Una persona autoactualizada sería la que ha resuelto los conflictos más grandes de su vida y disfruta de una satisfacción básica de vivir. Esto se va logrando poco a poco, con cada cliente se aprende algo nuevo y se crece como persona.

El Proceso de la Terapia:
¿Qué ocurre durante él? ¿Qué sucede mientras duran las entrevistas? ¿Qué hace el terapeuta? ¿Y el cliente?. Los pasos que caracterizan el proceso terapéutico no son hechos aislados, los procesos se mezclan y superponen unos con otros (Rogers, 1978):

I.- El sujeto llega para recibir ayuda.- La persona ha hecho una decisión responsable de mucha importancia. Si es el mismo cliente quien se responsabiliza de la visita, también aceptará la responsabilidad de enfrentarse con sus problemas (Rogers, 1978)

II.- La situación de ayuda queda definida.- Se concientiza al cliente que el terapeuta no tiene las respuestas sino que la psicoterapia le provee de un espacio donde él puede con ayuda, llegar por sí mismo a la solución de sus problemas (Rogers, 1978)

III.- El terapeuta fomenta la libre expresión de los sentimientos que acompañan al problema (catarsis).- No obstaculizar las manifestaciones de sentimientos negativos, los cuales se expresan libremente si el terapeuta es capaz de hacer que el cliente capte, que la hora de terapia es verdaderamente suya. Una de las metas más significativas de cualquier experiencia de psicoterapia es la de sacar a la luz aquellos pensamientos y actitudes, sentimientos e impulsos cargados emocionalmente, que están relacionados con los problemas y conflictos del individuo. Esta meta se complica por el hecho de que las actitudes superficiales y las que se expresan fácilmente, no son siempre las más significativas. Por consiguiente, el terapeuta debe estar preparado para ayudar al cliente a que exprese adecuadamente los sentimientos más profundos que le afectan.

IV.- El terapeuta acepta, reconoce y clarifica estos sentimientos negativos: Debe intentar a través de lo que dice y de lo que hace, crear una atmósfera en la que el cliente sea capaz de reconocer que tiene sentimientos negativos y aceptarlos abiertamente como parte de sí mismo, en vez de proyectarlos a otros o esconderlos. Clarificar estos sentimientos sin interpretar su causa o analizarlos (Rogers, 1978)

V.- Cuando los sentimientos negativos han sido expresados en su totalidad, surgen expresiones vagas y tentativas de impulsos positivos que promueven el crecimiento.- El cliente admite sus sentimientos negativos tal y como son, entonces, al no tener que seguir probando que es inútil y anormal, podrá analizarse a sí mismo más fácilmente y descubrirá sus cualidades más positivas (Rogers, 1978)

VI.- El terapeuta acepta y reconoce los sentimientos positivos expresados, de la misma manera que aceptó y reconoció los negativos. Las intervenciones moralizantes no caben en este tipo de terapia. Los sentimientos se acogen como integrantes de la personalidad, lo que da al individuo la oportunidad, por primera vez en su vida, de comprender cómo es (Rogers, 1978)

VII.- La captación intuitiva (insight), la comprensión del propio Yo y su asunción. Proporciona posconocimientos sobre los que el individuo construirá nuevos niveles de integración de la experiencia acumulada (Rogers, 1978)

VIII,. Mezclado con el proceso decantación intuitiva se da un proceso de clarificación de las decisiones y de los modos de acción posibles. Esencialmente el individuo parece decir “esto es lo que soy, y lo veo mucho más claramente, pero ¿Cómo puedo reorganizarme de otra manera?”. La función del terapeuta es aquí ayudar a clarificar las diferentes elecciones que se pueden realizar, y reconocer el sentimiento de miedo y la falta de valor para llevar adelante lo que el individuo experimenta (Rogers, 1978)

IX.- La iniciación a acciones positivas pequeñas pero altamente significativas.- Una vez que se consigue la captación intuitiva, las medidas que se toman generalmente suelen ser muy adecuadas ala nueva comprensión. La captación intuitiva lleva consigo la elección entre metas que proporcionan una satisfacción inmediata y temporal y las que le ofrecen a largo plazo pero que son más duraderas. (Rogers, 1978).

X.- Los pasos restantes no requieren demasiada atención.- Desarrollo de la captación intuitiva, es decir una comprensión más completa y adecuada de uno mismo.

XI.- Existe una acción positiva e integradora cada vez mayor por parte del cliente. Menos miedo para tomar decisiones y mayor confianza para tomar posturas por sí mismo. El terapeuta y el cliente trabajan juntos, ya no queda dependencia.

XII.- Existe una posibilidad cada vez menor de recibir ayuda y un reconocimiento por parte del cliente de que la relación debe terminar. El terapeuta le ayuda a clarificar esta sensación, aceptando y reconociendo el hecho de que es él mismo quien ahora se hace cargo de su propia situación con mayor confianza, y que ya no se ve la necesidad reprolongar las visitas por más tiempo (Rogers, 1978).

Hasta la próxima,

Doral.

domingo, 27 de febrero de 2011

Unidad II, La terapia centrada en la persona (Autor, Carl Rogers)





Unidad II, La terapia centrada en la persona
(Autor: Carl Rogers)

Contexto histórico del Enfoque Centrado en la Persona:
(Autor: Juan Lafarga Corona)

Enfoque originado en la práctica psicoterapéutica y en la investigación:
La psicoterapia autodirectiva o “centrada en la persona” (Carl Rogers, 1951) apareció como un enfoque psicoterapéutico sistematizado en los primeros años de la década de los 40’s.

Carl Rogers, originador y figura central del sistema, llegó a la Universidad Estatal de Ohio, tras haber ejercido la psicoterapia durante más de 12 años en la clínica comunitaria de Rochester, Nueva york.

“Durante el período de 1930–1940 estuve, desarrollando una técnica de trabajo con personas, influido por mi entrenamiento freudiano en el Instituto de Psicoterapia infantil; por mi experiencia con niños y adultos; por la influencia del pensamiento rankiano con el que había estado en contacto gracias a algunos compañeros que lo habían estudiado en la Escuela de Trabajo Social de Filadelfia, y por las disertaciones con los miembros de mi propio equipo. Sin embargo, pensaba que, aunque consciente de que estaba desarrollando mi propio sistema de trabajo… seguía básicamente una corriente psicoterapéutica importante, pero no diferente de la que seguían otros.” (Rogers,1974)

"Conceptos nuevos en psicoterapia":
Rogers (1974), describe cándida y dramáticamente el nacimiento del sistema psicoterapéutico centrado en la persona. Mientras según él, sólo describía y analizaba las nuevas corrientes, con la única diferencia de haber derivado sus hipótesis no de inferencias teóricas sino de datos observables, suscitó un furor de crítica, alabanza, ataque y algo “realmente nuevo”. A partir de ese momento Rogers emprendió una etapa de reformulación de hipótesis, práctica clínica y verificación científica, en forma independiente. Estas hipótesis aparecen analizadas y formuladas sistemáticamente en el segundo capítulo de su primer libro Conseling and Psychotherapy (1942). En forma sintética, estas hipótesis podrían formularse de la siguiente manera:

♣ El proceso psicoterapéutico está fundamentalmente motivado por el impulso de la persona hacia el crecimiento, la salud y la adaptación. La psicoterapia consiste en liberar a la persona de los elementos que obstaculizan su desarrollo normal.
♣ Este proceso está más vinculado a la expresión y clarificación de los sentimientos que a la comprensión intelectual de la experiencia.
♣ La comprensión de las circunstancias del presente inmediato de la persona es más importante que sus pasado.
♣ La experiencia de la relación terapéutica, y no la conceptualización de ésta, es el elemento determinante del crecimiento en el proceso psicoterapéutico.

El "Aquí" y el "Ahora":
En un proceso terapéutico no dirigido ni manipulado, en el cual la persona puede expresarse con creciente libertad, muy pronto se enfrenta con la experiencia de estar sola en el momento de tomar decisiones y de asumir responsabilidad por ellas.

Los sistemas psicoterapéuticos existenciales coinciden en no perder de vista en la interacción presente de cada una de las sesiones, el objetivo final del proceso psicoterapéutico: facilitar en la persona que busca ayuda, la libertad para actuar en congruencia consigo misma y para asumir una creciente responsabilidad por sus acciones.

Una comprensión cognoscitiva y conceptual de la experiencia tanto presente como pasada es casi irrelevante en el proceso psicoterapéutico (Lafarga 1986). En cambio, sentirse en contacto directo con la propia experiencia del “aquí y ahora”, asociada ésta con sentimientos de autoestima, producen en la persona reacciones psicoterapéutica inmediatas. Un buen análisis conceptual de la experiencia y mejores aproximaciones de la realidad externa, son más bien consecuencia de un sano proceso psicoterapéutico que su causa.

La autenticidad del terapeuta:
Se refiere a la congruencia. La autenticidad del terapeuta, es decir, la congruencia entre la experiencia de sus sentimientos y emociones, y la expresión de ésta a través de concepciones y símbolos verbales, empezó a ser considerada como el elemento psicoterapéutico más importante que asimilaba a las anteriores, además de tener la cualidad de servir como modelo de autenticidad para la persona que recibía ayuda.

Las nuevas hipótesis sobre el movimiento en el proceso psicoterapéutico fueron formuladas de la siguiente manera: Si la persona que recibe ayuda se percibe aceptada en las diversas modalidades y niveles de su expresión y experiencia, así como percibe que el terapeuta manifiesta su experiencia con claridad y profundidad durante el proceso, entonces:

Sentirá que su experiencia y expresión son cada vez más congruentes.
Sus sentimientos y afectos serán más experimentado con mayor nitidez y simbolizados con mayor claridad. La experiencia será más amplia y el manejo de la persona cada vez mejor, tanto en la relación terapéutica como fuera de ella. Esta experiencia será más aceptada como propia, referida al presente y diferenciada del pasado. La imagen de sí misma será menos rígida, menos determinada por los elementos externos y más abierta a nuevas experiencias y al cambio.

Las funciones del facilitador humanista:
1.- Acompañar al otro con actitudes de empatía, congruencia y valoración positiva incondicional.
2.- Generar una atmósfera segura, creativa y libre.
3.- Promover la Libertad y Responsabilidad en el otro.
4. Poner en práctica la Comunicación Asertiva, la Creatividad y la Confianza en el otro.
5. Escucha Activa.
6. Facilitar el Desarrollo Humano a partir de la vivencia, actuando con flexibilidad y adaptabilidad.
7. Promoción de la Sensibilización.
8. Promover el aprendizaje significativo, trabajo en equipo y espíritu emprendedor.
9. La importancia del Conocimiento en mi trabajo.

Rogers y sus experimentos:
En 1964 Carl Rogers llegó a la Jolla, California, como miembro residente del Instituto Occidental de las Ciencias de la Conducta, donde fue miembro fundador del Centro para Estudios sobre la Persona, desde entonces su labor como psicoterapeuta e investigador ha sido ininterrumpida y su fecundidad como escritor no ha tenido parelelo en períodos anteriores. Durante estos años Rogers ha analizado las implicaciones de los descubrimientos y de las nuevas formulaciones de la teoría centrada en la persona en el desarrollo de los grupos a través de la comunicación interpersonal (1970), en las relaciones interpersonales del matrimonio (1972) y en el inmenso campo de la educación (1969).

La mejor técnica en Psicoterapia humanista: Comprender más que evaluar.
Una de las características del sistema centrado en la persona que más interés ha despertado entre los profesionales de las ciencias de la conducta y entre los estudiantes de psicología, es la estrecha vinculación que desde sus orígenes ha tenido con las universidades. Debido a que el iniciador del sistema facilitó el aprendizaje de cientos de estudiantes universitarios y estuvo en estrecho contacto y colaboración con ellos, era natural que quien tanto interés había puesto en estudiar las variables que facilitan el crecimiento mediante la comunicación, también estudiara aquéllas que facilitan el aprendizaje en general. Si una persona es capaz de aprender por sí misma cuando está libre de obstáculos y es apropiadamente estimulada, se puede formular la hipótesis de que cualquier tipo de aprendizaje será mejor aprovechado por la persona sise generan las circunstancias adecuadas y se proporcionan los estímulos apropiados.

Desde el principio de la década de los 50’s Rogers (1951) formuló sus hipótesis sobre el aprendizaje en grupos e inició la crítica de los sistemas escolares actuales. Después de leer el manuscrito del libro de Cantor (1946), La dinámica del aprendizaje, Rogers descubrió que las ideas ahí expuestas coincidían con sus puntos de vista, de manera que lo tomó como punto de partida para formular sus primeras hipótesis.

Hasta aquí por ahora con nuestros amables lectores, en el entendido de que si desean adquirir la información completa de la UNIDAD II, de esta interesantísima materia PSICOTERIA II, impartida generosamente por el Dr. Javier Yáñez Saucedo, sólo tienen que escribirnos y enviaremos a vuelta de correo, la presentación en power point completita, para su consulta detallada, información a manera cultural o elaboración de tareas, etc.

Con mis respetos,
Doral.

sábado, 26 de febrero de 2011

Inicia materia Psicoterapia II (Titular, Dr. Javier Yáñez Saucedo)


Inicia Materia: Psicoterapia II
Titular, Dr. Javier Yáñez Saucedo


Antecedentes históricos y conceptuales de la Psicología Humanista.
La constitución formal de la llamada "tercera fuerza" en el campo de la psicología, se produce en los primeros años de la década de los 60's:

¿CÓMO SURGE LA PSICOLOGIA HUMANISTA?
En sus orígenes, la Psicología Humanista persigue, ante todo, plantear una nueva actitud que renueve la psicología tratando de integrar las distintas direcciones que había tomado en su devenir histórico. Ciertamente, el autor de la expresión “tercera fuerza”, referida a la Psicología Humanista, fue el propio Maslow, pero su sentido no era excluir las aportaciones de otras “fuerzas”, sino estructuradas en un análisis más comprensivo de nivel superior (en una larger superordinate structure): "Soy freudiano, soy conductista, soy humanista", -aclaraba él mismo- Maslow, 1969). La idea de Maslow era la construcción de una psicología comprensiva, sistemática, de base empírica que abarcara las cimas y las profundidades de la naturaleza humana.

LA HISTORIA DE LA PSICOLOGIA HUMANISTA, SU CLIMA SOCIOCULTURAL E INTELECTUAL:
En 1961 se constituía la “American Association for Humanistic Psychology”, (AAHP; este nombre cambió en 1969 por el de Association for Humanistic Psychology) fundada por A.H. Maslow, Ch. Buhler y R.May, que celebró su primera reunión nacional un año más tarde, y aparecía también el primer número del Journal of Humanístic Psychology; cuyo Comité Organizador estaba integrado por Clark Movstakas, Anthony Sutich, Joe Adams, Dorothy Lee, y Abraham Maslow.

La Psicología Humanista puede ser definida como la tercera rama principal del campo general de la psicología (las otras dos son la psicoanalítica y la conductista) Entre los psicólogos humanistas hay algunos que se oponen al conductismo y al psicoanálisis en lugar de incluir estas dos psicologías en una estructura de rango superior y más amplia (Maslow 1969)

Por su parte, James Bugental, primer Presidente de la AAHP, escribiría que la Psicología Humanista se caracterizaba más por lo que es, que por aquello a lo que se opone (Bugental, 1767).

La Psicología Humanista se ocupa primariamente de aquellas capacidades y potencialidades humanas que tienen poco o ningun sitio sistémático, ya sea en la teoría positivista o conductista, ya sea en la teoría psicoanalítica clásica; tales, por ejemplo, como el amor, la creatividad, el sí mismo, el crecimiento el organismo, la gratificación básica de la necesidad, la auto-actualización, los valores superiores, el ser, el llegar a ser, la espontaneidad, el juego, el humor, la afectividad, lo natural, etc.

Este mismo año, escribe Maslow unas palabras que ayudan a perfilar su posición respecto de las otras dos fuerzas alternativas. Refiriéndose a Freud dice: La imagen que éste nos da del hombre es definitivamente impropia, pues deja a un lado sus aspiraciones, sus cualidades superiores. Nos proporciona así la mitad enferma de la psicología; ahora nosotros debemos contribuir con la mitad saludable. (Maslow, 1962).

El conductismo adopta una posición igualmente clara:
La ciencia mecánica (que en psicologia adopta la forma de conductismo)no es incorrecta, más bien resulta demasiado estrecha, para fungir como una filosofía gral. o amplia al menos. (Maslow, 1966).

La Psicología Humanista, criticaba al Conductismo su estrechez de miras, su artificialidad y su incapacidad para suministrar una comprensión de la naturaleza humana.

Su énfasis en la conducta manifiesta se consideraba deshumanizante; se equiparaba a los seres humanos a una raza blanca de gran tamaño o a un computador más lento (Bugental, 1967), hurtando así la consideración de los más genuinamente psicológico y humano, esto es, la vivencia interior y la subjetividad. La Psicología Humanista rechaza la imagen de un organismo robotizado que responde mecánicamente a los estímulos que se le presentan. En definitiva se opone al conductismo por considerarlo mecanicista, elementalista y reduccionista.

Diferencias fundamentales planteadas por la Psicología Humanista, frente al conductismo:
Una adecuada comprensión de la naturaleza humana no puede basarse exclusivamente, ni siquiera ampliadamente, en los hallazgos de la investigación animal. Una psicología basada en datos animales excluye los procesos y experiencias humanas.

♣ Los problemas a investigar en psicología deben ser significativos en términos de la existencia humana y no deben elegirse solamente sobre la base de su idoneidad para la investigación de laboratorio y la cuantificación. Muchos temas que no pueden someterse al tratamiento experimental, han sido ignorados.

♣ La atención debe centrare en las experiencias subjetivas internas en vez de en los elementos de conducta manifiesta. No es necesario descartar la conducta manifiesta como objeto de estudio, pero éste no debería ser el único objeto de investigación.

♣ La influencia mutua y continua de la llamada psicología pura y de la psicología aplicada debe quedar reconocida. El intento de divorciarlas conlleva un detrimento de ambas.

♣ La psicología debe interesarse por el caso individual en vez de por el desempeño promedio de grupos. El énfasis sobre los grupos ignora el caso atípico, excepcional, la persona que se desvía del promedio.

♣ La psicología debe buscar lo que pueda enriquecer la experiencia humana.

Maslow resumía así, en un diario de 1955, su posición ante el psicoanálisis:
♣ Freud nos ha proporcionado la mejor psicoterapia que tenemos.
♣ También nos ha legado nuestro mejor sistema de psicopatología.
♣ Sin embargo es bastante insatisfactorio como una psicología de la persona humana total, especialmente en sus aspectos más sanos y admirables. La imagen del hombre que representa es parcial y distorsionada. Prácticamente todas las actividades de las que el hombre se enorgullece y que le dan sentido y valor a su vida son: trabajo, juego, amor, arte, creatividad, ética, filosofía, ciencia, heroísmo, bondad, etc. Han sido omitidas o patologizadas por Freud. (Maslow, 1972)

La insatisfacción que el humanismo expresaba con estas argumentaciones ante las tendencias conductista y psicoanalítica de su época, se daba en un doble plano: El Teórico-conceptual y el operativo-metodológico.

De la insatisfacción del humanismo:
En el plano teórico conceptual, la Psicología Humanista desestima el reduccionismo y mecanicismo que caracterizan tanto al psicoanálisis como al conductismo, como ya hemos comentado. También rechaza su orientación anclada en el pasado, que les lleva a comprender la conducta y/o el psiquismo en su relación necesaria con eventos pasados, por lo general situados en la infancia. Frente a esta inclinación, el nuevo movimiento resitúa los fenómenos en el presente y representa una vuelta al interés por la conciencia, obliterada durante más de medio siglo, o incluso rechazada por la orientación experimentalista del conductismo, y por la orientación analítica de la psicología profunda. En cierto sentido, como hace observar Hillner (1984), el humanismo adoptó la orientación fenomenológica de la psicología de la Gestalt, pero extendiéndola desde el campo de la mera conciencia perceptiva hasta cubrir la personalidad completa del organismo.

En el terreno metodológico, rechaza del psicoanálisis, como ya hemos apuntado, su investigación dominante de la personalidad anormal o enferma, y rechaza del conductismo su análisis elementalista de conductas manifiestas de conductas manifiestas aisladas. En este sentido, la Psicología Humanista se levanta contra las limitaciones del método científico impuesto a la psicología por decreto, en palabras de Koch (1969), y reclama una rehumanización de la ciencia, una ampliación de su concepto y métodos, de forma que pueda ser útil para estudiar la persona total.

En este contexto de profunda insatisfacción con las limitaciones ciertamente reales, de la psicología de la época, es en el que surge la autollamada “Tercera fuerza” a partir de posiciones muy diversas pero que tenían en común el rechazo detoda psicología reduccionista, mecanicista y determinista y la afirmación de valores humanos como la creatividad, la libertad personal, la decisión humana, etc.

Pero vamos a dejar hasta aquí, en el ánimo de que si nuestros lectores se interesan por conocer completa la Unidad I, de esta materia, ya que es mucho muy extensa como igual importante e interesante, la veamos completita en la siguiente presentación de Power point, ¿les parece? y si desean obtenerla, sólo tienen que escribirnos y con mucho gusto se la haremos llegar a vuelta de su correo personal.

Con mis respetos,
Doral.

domingo, 20 de febrero de 2011

Fin de materia Investigación Educativa I



Fin de materia: Investigación Educativa I.

El día de hoy 20 de Febrero del 2011, finaliza la materia: Investigación Educativa I, de la cual nos queda aún mucha tela de dónde cortar aunque se haya llegado a donde termina el andamiaje, ya que es un ramo amplio, bastante instructivo e interesante, con muchos elementos teóricos de dónde el investigador debe echar mano para profundizar en sus conceptos, y sumergirse a indagar los aspectos que más le sirvan para realizar sus estudios o investigaciones de manera personal, seria y profesional.

Como alumnos, sabemos que nos corresponde avanzar solos hacia la zona de desarrollo próximo, y que es responsabilidad de cada cual decidir o no, continuar con sus propósitos cuando la labor del docente culmina dentro del aula, y de la Dra. Alma Rosa Vázquez Nevárez, Titular de esta materia, el grupo 31 de la semiescolarizada, recibió más y mejor de lo esperado, pues tres fines de semana completos que dura la materia, no son suficientes para incursionar en un ramo tan complejo y delicado, precisamente porque se trata de aprender a hacer investigación a nivel científico, y muchos de nosotros nos quedamos, ¿Cómo se dice? ¡Picados!, nó; no se dice así, se dice: Motivados, entusiasmados, interesados en continuar con los trabajos que se realizaron al vapor, debido a la acotación de los tiempos.

En este marco, es justo reconocer la excelentísima disposición de la Dra. Vázquez por su esfuerzo, dedicación, paciencia y entrega hacia nosotros, para brindarnos asesoría de manera personificada a cada equipo, los cinco días hábiles de la semana en distintos horarios y lugares, incluso (abusando un poco de su amabilidad), también nos atendió fuera de la facultad, cosa que le agradecemos profundamente.

Y bueno, se concluyeron los trabajos haciendo un cierre distinto, dinámico y muy nutritivo, pues para sorpresa de todos los equipos, nuestra maestra dispuso de un escenario improvisado pero formal frente al grupo, y pidió que cada equipo fuese pasando a exponer de manera breve pero organizada, una síntesis de los ensayos de las investigaciones realizadas por todo el grupo a lo largo de tres semanas, cuyos temas sujetos a investigación fueron los siguientes:

1.- Desersión Escolar,
2.- Orientación Educativa,
3.- La Web y Los Procesos de Aprendizaje,
4.- El Uso de los Celulares dentro del Aula,
5.- Las Tutorías y la Organización Educativa,
6.- Concepciones docentes,
7.- Modalidades Pedagógicas Paterfamiliares,
8.- La Violencia Intraescolar,
9.- Conductas áulicas y aprendizaje y,
10.- La Educación Inclusiva.

En dichas exposiciones que realizamos todos los equipos, se pudo observar los logros obtenidos por cada equipo en materia de planeación, organización y aprovechamiento en general para realizar los trabajos, tomando como referencia tres factores básicos importantes:

1.- La búsqueda de información documental,
2.- Las lecturas previas de nuestra antología de la materia y,
3.- Las asesorías personificadas que nos brindó la Dra. Vázquez.

Los parámetros de investigación, observados por cada equipo fueron los siguientes:

1.- Selección del Tema,
2.- Planteamiento del problema,
3.- Pregunta(s) de Investigación,
4.- Objetivos Generales,
5.- Obejetivos Específicos,
6.- Justificación,
7.- Marco Teórico,
8.- Metodología,
9.- Instrumentos,
10.- Conclusión,
11.- Referencias Bibliográficas y,
12.- Anexos, (incluyendo el cronograma de actividades)

Fué una experiencia maravillosa en realidad de verdad, porque conocer el trabajo realizado por cada equipo, nos permitió detectar aciertos y errores, o incluso reforzar lo aprendido a base de tanto ensayarlo, apasionarse con la investigación y hasta sufrir por ello, pues cuando las cosas no te cuestan ni te duelen en pellejo propio, caray... ¡Por supuesto, nunca llegan a adquirir el mismo valor!

Enhorabuena, felicidades, y que Dios nos bendiga a todos.

Doral.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Marcos Referenciales Interpretativos.


Marcos Referenciales Interpretativos

En el propósito de continuidad con nuestro trabajo de investigación para culminar la materia, algunos compañeros del grupo 31 de la semiescolarizada, nos reunimos hoy, a las 7:00 P.M. en conocido restaurant de la ciudad para recibir asesoría de parte de Dra. Alma Rosa Vázquez Nevárez, Titular del Ramo, quien amablemente nos orientó a todos los equipos que estuvimos presentes. Y bueno, entre otras cosas compartir con ustedes, todo lo relacionado al trabajo del Autor Roberto Hernández Sampieri respecto a los Marcos Referenciales Interpretativos, el cual nos dice:

INTERACCIONISMO SIMBÓLICO:
El interaccionismo simbólico es un paradigma interpretativo sociopsicológico cuyas bases, desarrolladas por Charles Horton Cooley y George Herbert Mead, sirvieron a su principal artífice, Herbert Blumer, quien fue alumno de Mead y en 1937 acuñó la denominación. Como vimos, Blumer hace una seria crítica de la metodología de investigación positivista que en la época de sus escritos prevalecía en la psicología y la sociología, dada su tendencia reduccionista a la cuantificación y a preconcebir los fenómenos en lugar de aprovechar la información naturalista.

El interaccionismo simbólico descansa básicamente en tres premisas:
1.- Los seres humanos actúan respecto de las cosas basándose en los significados que éstas tienen para ellos. Puede tratarse de cualquier ente que la persona note en su mundo: objetos físicos, como una silla o árboles; otros seres humanos, como su madre o el dependiente de una tienda; categorías, como los amigos o los enemigos; instituciones, como el gobierno o la Iglesia; ideales normativos, como la honestidad o la lealtad; actos de otros, como órdenes o críticas; y cualquier situación que un ser humano encuentre en su vida diaria.

2.- Los significados de tales cosas derivan de la interacción que la persona tiene con otros seres humanos.

3.- Los significados son manejados o modificados por medio de un proceso interpretativo que la persona pone en juego cuando establece contacto con las cosas.

Blumer plantea que en la búsqueda de explicaciones, los psicólogos ponen en relieve factores como estímulos, actitudes, motivaciones conscientes o inconscientes, percepciones, y cogniciones; al igual que los sociólogos, tienen en cuenta la posición social, el estatus, los roles sociales, las normas y los valores culturales, las presiones y las demandas sociales, así como la afiliación grupal, etre otros. En ambos casos, suele pasarse por alto el significado que las cosas tienen para los seres humanos. En contraste, el interaccionismo simbólico considera que el significado de las cosas para los seres humanos constituye un elemento total.

Considerar esto para explicar el comportamiento de los humanos no parece suficiente en la distinción del interaccionismo simbólico. Se requiere la segunda premisa, la de que el significado de las cosas deriva de la interacción social.

Las dos posiciones tradicionales en las cuales se ubican lo significados son: que éstos emanan intrínsecamente de las cosas, sin que medie proceso alguno en su formación, y que la adquisición del significado surge de la acumulación de funciones emanadas de la psique; las sensaciones, los sentimientos, las ideas, los recuerdos, los motivos y las actitudes, entre otros. Por su parte, el interaccionismo simbólico afirma que el significado emana de una fuente diferente de estas dos visiones: considera que el significado se origina en el proceso de interacción entre las personas.

La tercera premisa establece una diferencia mayor entre el interaccionismo simbólico y otras visiones, dado que éstas no parecen considerar que el uso de la persona haga que el significado implique un proceso interpretativo.

El proceso interpretativo se da, de acuerdo con Blumer, en dos pasos bien definidos:
1.- La persona se indica a sí mismo la cosa respecto de la cual está actuando; tiene que señalarse las cosas con un significado. Esta indicación representa un proceso social internalizado en el que la persona interactúa consigo.
2.- Como resultado de este proceso de comunicación reflexiva, la interpretación se convierte en el acto de manejar los significados. La persona selecciona, verifica, suspende, reagrupa y transforma el significado a la luz de la situación en la que se encuentre y de la dirección de la acción.

El interaccionismo simbólico se fundamenta en seis conceptos básicos que Blumer llama: Imágenes de raíz.
1.- Naturaleza de la sociedad humana o de la vida de los grupos humanos.
2.- Naturaleza de las sinteracciones sociales.
3.- Naturaleza de los objetos.
4.- El ser humano como un organismo activo.
5.- Naturaleza de la acción humana y,
6.- Interconexión de la acción.

PRINCIPIOS METODOLÓGICOS DEL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO:
Considerando que el interaccionismo simbólico no se ha presentado como una doctrina filosófica, sino com una perspectiva en la ciencia empírica que busca un conocimiento verificable de la vida de los grupos humanos y de la conducta humana, se presentan factores relevantes a considerar en cuanto a la metodología de trabajo.

El primer elemento es asumir que el único medio de conocer a los seres humanos y a los grupos, para detectar sus interacciones, es la investigación naturalista, que implica estar en el lugar donde se presentan las interacciones y dónde se encuentran los grupos. Al respecto, Blumer dice:

"La metáfora que me gusta es la de levantar los velos que oscurecen u ocultan lo que está sucediendo. La tarea de un estudio científico es la de levantar los velos que oscurecen el área de los grupos que nos interesa estudiar. Los velos no se levantan por sustituir imágenes preformadas en vez del conocimiento directo. Los velos se levantan estando cerca del área, y escarbando profundamente a través de un estudio cuidadoso. Los esquemas de investigación que no permiten esto, están traicionando el principio cardinal de respetar la naturaleza del mundo empírico (1968, p.39)"

El segundo elemento consiste en la exploración, considerada como el primer paso, el acercamiento inicial a cualquier realidad que se estudia y que se desconocee en un principio. El propósito de la exploración, que eminentemente es una etapa flexible, consiste en contar con un punto de partida para llegar a una comprensión clara del problema, detectar los datos adecuados, identificar las líneas de relación importantes y, en términos generales, lograr que las herramientas conceptuales del investigador evolucionen a la luz de lo que se va conociendo de la parte de la vida estudiada.

El tercer elemento consiste en la inspección, que apunta hacia un desarrollo teórico y hacia desentrañar las relaciones y precisar los conceptos. Se considera que la inspección consiste en un examen de contenido empírico, acercándose al material desde diferentes ángulos, formulándose muchas preguntas sobre él y regresando a la nueva valoración que surja a partir de tales preguntas.

ETNOMETODOLOGIA:
La etnometodología, desarrollada por Harold Garfinkel (1967), se centra en la forma mediante la cual las personas enfrentan las situaciones de la vida diaria. La meta consiste en elucidar cómo se forja la vida cotidiana de una construcción social. Este autor considera que las personas poseen competencias prácticas, lingüísticas y de interacción que pueden ser observadas y registradas. Asímismo, promueve los procedimientos prácticos que utilizan las personas a diario para crear, sustentar y manejar un sentido de la realidad objetiva.

Esta visión enfatiza la necesidad de apartar las propias creencias en la forma como los miembros de un grupo manejan, reproducen y logran un sentido de la estructura social; a esto Garfinkel lo llama: Indiferencia etnometodológica.

Este enfoque no busca obtener información respecto de las interacciones por medio de entrevistas o cuestionarios, sino que se basa en el habla cotidiana para estudiarla. La investigación etnometodológica atiende fundamentalmente el discurso natural y las interacciones, ambos elementos constituyentes de lo que se investiga. Se pone el interés en el discurso y en la interacción.

ANALISIS CONVERSACIONAL:
Algunos consideran que el modelo interpretativo del análisis conversacional es una variante clara de la etnometodología. En vez de interesarse por el discurso y la interacción, se privilegia el discurso en la interacción (J. Holstein y J. Gubrium, 1998). El análisis intenta explicar las prácticas colaborativas de quienes conversan, en las cuales confían cuando establecen una interacción.

ETNOGRAFÍA:
Originada en la antropología cultural, la etnografía es una descripción e interpretación de un grupo o de un sistema social o cultural (J.W.Cresswell 1998), considera que la etnografía es una forma de mirar y hace una clara distinción entre simplemente ver y mirar; asímismo, plantea como propósito de la investigación etnográfica describir lo que las personas de un sitio, estrato o contexto determinado hacen habitualmente y explicar los significados que le atribuyen a ese comportamiento realizado en ciertas circunstancias comunes o especiales, presentando sus resultados de manera que se resalten las regularidades que implica un proceso cultural.

La pregunta inicial que se hace un etnógrafo cuando se encuentra en una situación valiosa para su estudio es "¿Qué está sucediendo aquí?", ó, "¿Qué es lo que las personas de esta situación tienen que saber para hacer lo que están haciendo? (Wolcott 1999 p.69). Una investigación etnográfica no puede quedarse en lo meramente descriptivo; debe profundizar, con preguntas adicionales, en el significado de las cosas para las personas estudiadas.

En los orígenes de la antropología cultural, la etnografía se ocupó de los estudiso clásicos de grupos culturales, llamados entonces "primitivos". Posteriormente, los etnógrafos estudiaron grupos culturales endógenos, por ejemplo, grupos dentro de la propia cultura; recientemente, su ámbito se ha extendido a la educación, de donde han surgido diferentes escuelas, que a su vez han gestado subtipos de la etnografía.

Existen además los marcos referenciales interpretativos de carácter hermenéutico, tales como la Hermenéutica dialógica, la Hermenéutica conservadora, la crítica, la radical, además de la FENOMENOLOGÍA, con su teoría fundamentada, etc., pero de eso hablaremos en otra ocasión, ¿de acuerdo?

Con mis respetos,
Doral.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Qué son y para qué sirven los Marcos Teóricos?




¿Qué son y para qué sirven los Marcos Teóricos?
(Continuación de la Unidad IV)

La investigación cuantitativa, grosso modo, busca medir y cuantificar y, a partir de ello, inferir o generalizar; su sustento filosófico teórico se encuentra en el positivismo. Por su parte, la investigación cualitativa busca la subjetividad, y explicar y comprender las interacciones y los significados subjetivos individuales o grupales.

Para explicar o comprender, los humanos necesitamos marcos referenciales en los cuales realicemos estas acciones. Así, pues, cuando ingresemos al terreno de la investigación cualitativa nos encontraremos con la necesidad de contar y conocer estos diferentes marcos interpretativos referenciales. Retomo aquí lo que dicen Ivonne Szasz y Susana Lerner:

“Se trata […] de acercamientos que se fundamentan en diversas corrientes teóricas de la sociología, la psicología, la antropología, la lingüística, etc., que muestran la realidad subjetiva y la realidad social, íntimamente relacionadas, donde se inscriben las conductas y acciones humanas.

A su vez, estos acercamientos parten de producciones teóricas distintas, como el constructivismo social, la etnolingüística, la etnografía, la fenomenología, la búsqueda de interpretaciones y significados, así como el uso de diversas técnicas de recolección y análisis de la información, con la observación participante, las entrevistas individuales o grupales. El análisis de textos y testimonios, la historia de vida, o bien la combinación de éstas con herramientas derivadas de la estadística (1996, pp 11-12)

La complejidad de las distintas vertientes de investigación cualitativa ha provocado amplias y diversas discusiones, así como debates. Por mi parte , al revisar diversos textos que abordan la investigación cualitativa y su metodología, me he percatado de una aparente confusión entre marcos teóricos y enfoques que sustentan este paradigma, y los métodos específicos que se pueden utilizar para la obtención de información. Fue precisamente esta confusión la que me motivó a clarificar mis propios conocimientos, y ulteriormente ofrecer una aclaración para otros.

La enumeración siguiente de ninguna manera pretende revisar exhaustivamente cada uno de los enfoques; sólo busca ilustrarlos, invitando al lector interesado a profundizar en el que logre interesarlo. No los considero técnicas, por lo que prefiero ubicarlos como marcos teóricos o interpretativos, dado que son paradigmas que nos hablan de una forma de ver, de enmarcar los fenómenos, y no necesariamente de un procedimiento para obtener datos o información, lo que caracterizaría a un método o a una técnica de recolección de información.

De hecho, éstos no son los únicos marcos que existen. Recientemente una alumna que prepara su proyecto para la maestría en Sexología Clínica me abordó planteando que su tema de interés es el estudio de la misoginia en pacientes suyos; sin embargo, siendo ella una terapeuta formada en la biomnémica, deseaba usar este marco referencial. Obviamente, esto resulta válido a pesar de que la biomnémica, como muchos otros marcos, no constituye un marco común cualitativo, por lo que no estará contemplada en este texto. Tal es la amplitud y riqueza que puede tener la investigación cualitativa.

Se puede comprender por tanto y dada la propuesta de este libro, la imposibilidad de abordar y profundizar en todos los marcos interpretativos. Sin embargo, a continuación enumeraré algunos de los reconocidos actualmente como principales, en el entendido de que no son los únicos posibles ni en este texto se logra más que esquematizarlos. Incluyo aquellos que se utilizan con mayor frecuencia, sobre todo dependiendo, como en todo proyecto de investigación, de la pregunta que el investigador intente responder al final de su estudio.

Thomas Schwandt, profesor y coordinador del Programa de metodología de Investigación en la Escuela de Educación de la Universidad de Indiana, propone clasificar los marcos interpretativos en dos grandes grupos: constructivistas e interpretativos.

Los marcos constructivistas comparten con los interpretativos su interés por la experiencia humana y la manera como los actores la viven, sólo que subrayan el hecho de que la verdad objetiva resulta de la perspectiva. El conocimiento y la verdad son creados por la mente, y no descubiertos por ella.

De ello se deriva el concepto de que los humanos construimos nuestro conocimiento. Así, Schwandt propone agrupar en esta categoría a corrientes que reflejan esta visión, como el constructivismo clásico, el radical y el social, el feminismo y la psicología de los constructos personales.

En mi opinión, en esta categoría cabe la teoría crítica, que al abocarse al estudio de las instituciones sociales, la vida social y los problemas históricos (cómo la dominación y la enajenación), lo hace desde la afirmación de que todos ellos no son más que construcciones humanas. Por ello he agregado a este grupo la teoría crítica.

Por otra parte, los marcos interpretativos comparten desde sus postulados originales la necesidad de comprender el significado de los fenómenos sociales (Vertehen), en contraposición a la postura de las ciencias naturales, que busca la explicación científica (Erklaren). Schawandt propone, entonces, incluir en el grupo de los marcos interpretativos, la fenomenología, la hermenéutica, el interaccionismo simbólico y el interpretativo. Puesto que considero que la elaboración de teoría es una de las mayores interpretaciones, incluyo en este grupo la teoría fundamentada. Comencemos la revisión por los marcos constructivistas, no obstante que en la historia de la ciencias sociales se vuelven relevantes después de los interpretativos.

Marcos constructivistas:
teoría crítica)

La teoría crítica se origina en los años veinte a manos de un grupo de académicos alemanes conocido como la Escuela de Frankfurt, encabezado por Max horkheimer (Véase A. Giddens y J. Turner 1987). Aunque existen variantes de la teoría crítica, sus temas centrales y constantes son:

♣ El estudio científico de las instituciones sociales.
♣ Las transformaciones de tales instituciones, según la interpretación de su vida social.
♣ Los problemas histórico-sociales de la dominación.
♣ La enajenación.
♣ Las luchas sociales.

En suma, esta teoría se ocupa de la crítica de la sociedad y de la búsqueda de nuevas alternativas (J.W. Cresswell 1998). Sus orígenes se encuentran en dos cuestionamientos paralelos: uno al positivismo como sustento único de la investigación, y otro a la teoría marxista como única explicación de las estructuras y la sociedad. De hecho, la teoría crítica no necesariamente consiste en buscar el error o la falla, sino en el análisis de los significados, incluso de aquéllos ocultos para el propio autor.

La trascendencia de la teoría crítica, como dice Lois Tyson, estriba en que:

A través de ella se puede ver al mundo, a las personas y a nosotros mismos de maneras diferentes; esto puede influir de manera importante en nuestros actos cotidianos, en la educación de los niños sea en el hogar en la escuela, en cómo se valora a los medios de comunicación, cómo nos comportamos, como votantes de una democracia, cómo reaccionamos ante otros que tienen puntos de vista y visiones diferentes en aspectos sociales, políticos o religiosos, y cómo reconocemos y manejamos nuestros propios motivos, miedos o deseos. Y si creemos que la producción humana-literatura, cine, música, arte, ciencia, tecnología, arquitectura- son desarrollos de la experiencia humana y por ello reflejan el deseo, conflicto y potencial humano, podemos aprender a interpretar es producciones y así aprender algo importante sobre nosotros como especie [1999, pp. 2-3]

La teoría crítica tiene ramificaciones en todas las áreas del conocimiento; pensemos, por ejemplo en un investigador que se interesa en realizar un estudio etnográfico sobre la forma de pensar de un grupo humano (más adelante hablaré sobre etnografía), que estimula a las personas a interactuar y a formar redes y grupos propositivos, y que las ayuda a examinar las condiciones de su existencia. La meta final del estudio puede ser elaborar teoría social, es decir, la comprensión, y en algunos casos, la transformación de la vida social. La persona que investiga persigue tal meta ayudado por estudios de casos comparables, por entrevistas biográficas que reflejen el estudio de las interacciones entre los personajes o por modelos formales matemáticos (Joel Kincheloe 1991) propone una serie de pasos a seguir para la investigación crítica ligada a la educación.

♣ El profesor busca una guía teórica para su investigación o enseñanza. Puede ser, por ejemplo, la teoría feminista, la teología de la liberación, la epistemología afrocéntrica, la teoría del conocimiento innato del indígena, la teoría educativa de Dewey u otra.

♣ El profesor crítico expone los supuestos de las orientaciones y las críticas que presenta la investigación, y con la ayuda de éstas, descubre los efectos ideológicos sobre los profesores, las escuelas y la visión cultural de la educación.

♣ El profesor selecciona lo que estudiará; por ejemplo, ver la escuela y los salones de clases de manera diferente.

♣ El investigador emplea una variedad de estrategias de investigación, dándole sentido a la información que obtiene a la luz del sistema de significados que seleccionó previamente.

♣ Al final, esta investigación genera una pedagogía de transformación social y personal.

El diseño de una investigación, desde la perspectiva crítica y de acuerdo con Be Agger (1991), puede ubicarse en alguna de estas categorías: metodológica, que incide en la forma en que las personas escriben y leen, o sustantiva, que se centra en las teorías y en los temas de la investigación, por ejemplo, en la teoría sobre el papel del Estado y de la cultura en el capitalismo. El autor propone cinco pasos para la realización de una investigación que atienda este paradigma:

1.- Escribir en forma muy explícita sobre la perspectiva de la información que se asume como un hecho, las polémicas y las implicaciones políticas.

2.- Escribir sobre los cuestionamientos a los enfoques positivistas prevalecientes que ocultan planteamientos clave.

3.- Escribir sobre los planteamientos que se encuentran detrás de la presentación del estudio cualitativo.

4.- Escribir respecto de la forma en que el lenguaje del investigador expresa su propia voz.

5.- Escribir sobre las múltiples metodologías que existen para el estudio del problema.

Interesantes e ilustrativos, algunos estudios enfocados en la enajenación, sustentados en la teoría crítica, pueden leerse en el libro coordinado por Richard Schumitt y Thomas Moody (1994). Ciertos títulos servirán asimismo de ejemplo de las áreas que abarca este marco interpretativo: “The Alienation of Woman under Capitalism” (La enajenación de la mujer en el capitalismo), de Thomas Moody; “Pregnant Embodiment: Subjetivity and Alienatión” (Empoderamiento del embarazo; subjetividad y enajenación), de Iris Marion Young.

Hoy la teoría crítica se encuentra inmersa en diversos marcos interpretativos, así como en algunos métodos para la recolección de información, según iremos viendo a lo largo de este libro. Baste mencionar por ahora la teoría crítica en la investigación-acción, la teoría crítica en la etnografía, la didáctica crítica, el análisis literario desde la teoría crítica, y la teoría crítica en el constructivismo.

Constructivismo.

El constructivismo es una teoría sobre el conocimiento y el aprendizaje, describe el saber y cómo se llega a él. El educador Jean Peajet le dio origen en el primer tercio del siglo XX. Su vena educativa constituye el área en la que ha tenido mayor desarrollo.

La idea central de esta teoría consiste en que el conocimiento no tiene el propósito de producir representaciones de una realidad independiente, sino que su función es primordialmente adaptativa (E. Galserfeld 1996).

El concepto de adaptación se retoma de la biología e indica la relación entre los organismos vivos y su medio ambiente. Piaget lo saca del ámbito biológico y propone que cuanto vemos, escuchamos y sentimos los humanos resulta de nuestras propias actividades perceptivas y, por ende, es específico de nuestra propia forma de percibir y concebir. Así, las estructuras conceptuales que constituyen el significado y el conocimiento no aparecen como entidades que puedan utilizarse alternativamente por diferentes individuos, son constructos que cada persona elabora para sí.

Por tratarse de constructos individuales, se dificulta tener la certeza de que dos personas tienen un mismo constructor; cuando mucho, podremos pensar que ante determinada situación ambos constructos funcionan de la misma manera. Es decir, haciendo uso del lenguaje, que se da como resultado de la interacción social, se produce una acomodación gradual que lleva a la coincidencia.

Resulta, por tanto, que la consideración de cómo se construyen los significados y cómo funciona la comunicación lingüística desmantela la noción generalizada de que el conocimiento conceptual puede transferirse del profesor al estudiante por medio de palabras.

De esta manera las teorías de Peaget, Vygotsky y los interaccionistas semióticos sustentan lo que hoy conocemos como constructivismo. En la actualidad, existe un debate entre quienes otorgan mayor importancia al proceso estructurante cognitivo individual y quienes enfatizan los efectos socioculturales del aprendizaje.

El constructivismo es una teoría sobre el aprendizaje, no una descripción del acto de enseñar. En este sentido la misma autora recomienda tener en cuenta cinco elementos que se busca reformar la práctica educativa en un sentido constructivista:

♣ El aprendizaje no resulta del desarrollo, el aprendizaje es el desarrollo. Los docentes deben dejar que los educandos formulen sus propias preguntas además de que generen sus propias hipótesis, modelos y alternativas, y procedan a probarlos.

♣ El desequilibrio facilita el aprendizaje. Los errores deben percibirse como producto de las concepciones de los educandos, y por ello no deben minimizarse ni evitarse. En especial, las contradicciones deben explorarse y discutirse.

♣ La abstracción reflexiva es la energía del aprendizaje. Los humanos , como creadores de significados, buscamos organizar y generalizar la experiencia en una forma representativa. Dar tiempo para la reflexión por medio de la escritura, así como de la discusión de los vínculos entre experiencias y estrategias, facilita la abstracción reflexiva.

♣ El diálogo dentro de la comunidad engendra nuevos pensamientos. El salón de clases debe considerarse una comunidad en la que se propicia el diálogo, la conversación y la discusión.

♣ El aprendizaje precede al desarrollo reestructuras. Las ideas generadas por los educandos se convierten en principios organizadores centrales que pueden generalizarse a otras experiencias.

Constructivismo radical

El constructivismo radical, originado por Ernst von Glasserfeld (citado por T. Schwandt 1998), se centra en la educación y en la evaluación, y postula fundamentalmente que el ser humano es un activo creador y manipulador de símbolos. Desde esta postura, observa la relación particular entre la mente y el mundo, considerando que para los humanos no existe tal cosa como un mundo independiente y objetivo emanado de la propia experiencia. Por ende, no puede decirse que el conocimiento refleje o represente el mundo. En cuanto a la evaluación, sostiene que la validez del conocimiento no puede relacionarse con el hecho de que corresponda o no a un mundo existente como independiente, más bien considera que la evaluación es válida si el conocimiento cumple con una utilidad funcional. Tal visión sigue de cerca el concepto adaptativo del conocimiento, de Peaget.

Constructivismo social

Originado por Kenneth Gergen (1985) aunque también abocado al conocimiento, la mirada del constructivismo social trasciende la comprensión de la mente y de los procesos cognitivos individuales y se enfoca en el mundo del significado y el conocimiento compartido intersubjetivamente, es decir, en la construcción social. Considera que el mundo se entiende como un conjunto de artefactos sociales resultantes de intercambios históricos entre personas. Contrario al constructivismo radical, la preocupación de este paradigma se centra en la generación colectiva del significado, matizada por el lenguaje y otros procesos sociales.

Feminismo y estudios de género

El feminismo se ocupa de ofrecer la imagen de la realidad que las mujeres experimentan. Stephanie Riger (2002) considera que darles voz a las perspectivas de las mujeres, significa comprender e identificar las formas en que ellas crean significados y experimentan la vida desde su posición en la jerarquía social. El enfoque estriba en cómo se construye socialmente el género. Este enfoque se centra de manera importante en el lenguaje como medio de construcción de significados. Así, existen ejemplos de estudios, como el de Emily Martín (1987), que analiza el propio discurso de las mujeres sobre sus procesos reproductivos en comparación con el discurso dominante de la ciencia médica, o como el de Janice Radway (1984), que se basa en los textos de novelas románticas leídas por mujeres y analiza cómo las prácticas verbales en la interacción social se vuelven elementos en la construcción del género.

Por su parte, el estudio más reciente de Catherine Mueve (1999) estudia la construcción social del amor y de la sexualidad en mujeres encarceladas en Estados Unidos.

Continuará...